Entre reconocer un peligro y estar parado pasan dos cosas: primero reaccionas, después frenas. Ambas consumen metros, y la segunda crece mucho más rápido de lo que se supone.
Los dos tramos
La distancia de reacción es lo que recorres mientras percibes el peligro y llevas el pie al freno. Con un tiempo de reacción de aproximadamente un segundo:
Velocidad ÷ 10 × 3 — a 50 km/h son unos 15 metros, todavía sin haber frenado.
La distancia de frenado es lo que necesitas desde que los frenos actúan hasta detenerte:
(Velocidad ÷ 10) × (Velocidad ÷ 10) — a 50 km/h unos 25 metros; a 100 km/h ya unos 100.
Sumadas dan la distancia de parada. La fórmula del frenado es cuadrática: al doble de velocidad, cuatro veces el espacio.
Qué alarga cada tramo
La reacción se alarga con cansancio, distracción, alcohol, medicamentos y edad. Dos segundos en lugar de uno duplican ese tramo.
El frenado se alarga con calzada mojada o helada, neumáticos gastados, carga, pendiente descendente y frenos en mal estado.
Los dos efectos se suman: cansado y con lluvia, la distancia real puede duplicar con creces la calculada.
La conclusión práctica
Estas cifras explican la regla de los dos segundos para la distancia de seguridad y la regla de la distancia visible para la velocidad.
Recuerda: en un impacto a 50 km/h la energía equivale aproximadamente a una caída desde unos 10 metros. Por eso los pocos km/h de más importan tanto.
¿Objetivo alcanzado?
Repasa los puntos esenciales y asegúrate de dominar todas las reglas – para el examen teórico y para la práctica.